El Salón del Cómic de Getxo supone una cita imprescindible para los amantes del género
Viernes por la tarde. Una cola avanza hacia la carpa, ubicada en la plaza Estación de Las Arenas. En ella pueden verse hombres, mujeres, varios zombis vestidos de Wally y un extraño personaje con un casco estrambótico y una guadaña. Un año más, el Salón del Cómic de Getxo ha abierto sus puertas.
Para los que no estén familiarizados con este evento, el Salón del Cómic sirve de punto de encuentro para los amantes del género. Durante ese fin de semana cientos de personas recorren los puestos, a la caza de novedades editoriales para completar sus colecciones o simplemente para disfrutar, arrastrados por la curiosidad (o por su pareja en algunos casos).
Es posible que la decisión de este año de celebrar por separado el Salón del Cómic (23-25 de noviembre) y el Salón del Manga (1-2 de diciembre) haya mermado la asistencia, al dividir los dos focos de interés. Sin embargo esto no parece haber afectado a las ventas de los stands. Algunos visitantes incluso lo agradecen. “El lugar es un poco pequeño para juntar el manga y el cómic. Este año la gente no está tan apretujada, se está bien”, afirma un comiquero veterano.
Y es que la comodidad es un factor importante en un evento en el que la mayoría de los compradores repiten año tras año. Los aficionados al cómic –y a la ficción en general- se encuentran a sus anchas, a veces incluso disfrazados de sus personajes favoritos, entrando a formar parte del enorme mosaico de singularidades que te puedes encontrar en esta singular cita. Figuras de ficción increíblemente detalladas, camisetas frikis, publicaciones descatalogadas y hasta reliquias únicas, como un ejemplar de ‘Tintín en el Tíbet’ escrito en tibetano. “Aquí siempre te encuentras con algo que siempre has querido aunque no lo sepas”, afirma otra fiel asistente, cuyo botín de este año es una camiseta de Thor.
Este encuentro para los aficionados a la viñeta no sería posible sin el apoyo de editoriales como Norma o Astiberri, así como la presencia de los diferentes artistas que han dejado su huella durante los últimos once años. Pero los cimientos del salón se sustentan sobre los libreros que han acompañado este certamen desde su creación. Entre ellos se encuentra Tótem, el primer local especializado en cómics de Bilbao y un verdadero museo para coleccionistas del cómic clásico. “La novedad nos supone una ruina”, afirma Mariola. Por esa razón han apostado por fomentar el intercambio de cómics, otra forma interesante de relacionarse con los lectores.
A otros en cambio les va bien con el material nuevo, como es el caso de Zinco, desde donde destacan el éxito de ‘Kick Ass 2′ y de las recopilaciones de Marvel. Reconocen que la gente sigue yendo a comprar pero gasta menos. También aseguran que la razón por la que acuden cada año al Salón no son las ventas, ya que la mayoría de los aficionados al cómic ya les conocen. “Somos parte de los históricos que han estado desde el principio. El salón no sería lo mismo sin nosotros, ni nosotros sin el salón”.
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