Volvemos a nuestra programación habitual hablando de puentes, porque uno de los paseos más deliciosos de Bilbao es aquel al borde de la Ría, con el frío norte pegando de frente. Os adelantabamos -antes de las vacaciones navideñas- en qué consistía el proyecto ‘Bilbao Puente a Puente’, y como esta iniciativa turística buscaba despertar la curiosidad por la historia de la villa a través de ellos.
Destruidos y reconstruidos a lo largo del tiempo, siete son los puentes que atraviesan diferentes zonas emblemáticas de la capital Vizcaína, desde el Casco Viejo hasta Zorrozaurre. Se pueden disfrutar en toda su belleza tanto si se elige el paseo de la Avenida de las Universidades como si nos decantamos por el paseo de Abandoibarra.
Desde Kubilha hemos querido, a nuestra manera, rendir homenaje a estas construcciones llenas de historia sacando nuestras propias fotos de bilbao de la mano de nuestro fotógrafo Ion Curiel.
Esto sólo es un aperitivo: Puente Euskalduna, Puente de Deusto y la Pasarela Pedro Arrupe, son los puentes que traemos hoy. Escrito entre todos los miembros en un formato, digamos, libre. Esperemos que sea de vuestro agrado.
Puente Euskalduna

Vista inferior del Puente Euskalduna / Kubilha.
Diseñado por el ingeniero Javier Manterola, este impresionante puente une la Plaza de Sagrado Corazón con la Botika Vieja. Unificando así dos barrios muy separados -tanto a nivel físico como social- de la ciudad. La obra realizada en 1997, incluye dos carriles para cada sentido y una acera cubierta adecuada tanto para peatones como para ciclistas.
Adopta el nombre del Palacio de la Música y Congresos Euskalduna, que a su vez toma el nombre de los antiguos Astilleros situados en el mismo lugar, y clausurados a finales de los 80. Es junto al Museo Guggenheim y el mencionado palacio uno de los pilares básicos de Ría 2000, proyecto para la revitalización de ciudad. No sólo hace de vía de comunicación entre estos dos barrios, sino que además, fue clave para la urbanización y ordenación del tráfico de la Botica Vieja, zona deprimida hasta entonces.
El puente, con 250 metros de largo está coronado por una torre de iluminación de 45 metros de altura, y es una vía de comunicación entre la A8 y el Valle de Asua, construida con el objeto de descongestionar el tráfico del Puente de Deusto situado en el corazón de Bilbao.
Las embarcaciones que entran en la ciudad se ven limitadas por el ojo del mismo que impide que grandes barcos atraquen en Bilbao dejando sin utilidad los puentes móviles de Deusto o del Ayuntamiento.
El proyecto, promovido por la Diputación de Vizcaya, fue proyectado por la empresa Idom y construído por Dragados y Construcciones. Su presupuesto ascendió a 2.494 millones de pesetas y se construyó entre los años 1994 y 1997.
Puente de Deusto

Puente de Deusto. / Kubilha.
El puente de Deusto no se construyó hasta los años 30 del siglo XX que es cuando hizo falta. Anteriormente, el actual barrio de Abando era un municipio independiente del pequeño Bilbao que florecía al amparo de San Antón en sus siete calles. ¿Se imaginan cómo debía de haber sido la historia si el puente estuviese en 1400? ¿Quién iba a decir que este puente levadizo uniría dos de las zonas comerciales y residenciales más importantes de la villa bilbaína?
La balaustrada está iluminada y el puente ya no se abre salvo para conmemoraciones especiales. Debió de ser impresionante ver cómo llegaban los grandes barcos hasta el Arenal y los puentes se abrían a su paso. Medio kilómetro, algo menos sobre la Ría, de puente que en los puntos centrales aún nos recuerda su pasado levadizo con la inestabilidad que provoca al pasar los coches por su centro. Un viaducto que ha visto mucho y ha vivido bastante. Por vivencias, que no quede la resurrección. Fue destruído en la Guerra Civil y reconstruído tras su finalización. En aquel entonces, el Puente del Generalísimo iba a parar a la Avenida José Antonio Primo de Rivera. Tras la dictadura, en 1979, algunos nombres volvieron a sus antiguos dueños y otros tomaron nuevos apelativos.
En la cabeza de muchos quedan las barricadas y conflictos que se vivieron en los duros años 80 con la reconversión industrial y las broncas que se formaron en torno a los Astilleros Euskaduna. 30 años después, el Puente de Deusto es uno de los mejores ejemplos de cómo ha conseguido cambiar Bilbao. La villa bilbaína ha pasado de ser una urbe sucia y gris-marrón a florecer el verde y vivir del ocio, el turismo y la cultura. Donde antes se enfrentaban sindicalistas y ‘fuerzas del orden’, ahora se agolpan chavales con sus iPhones, McFlurrys y bolsas de grandes cadenas de ropa. Una margen residencial y comercial como Deusto se une a un precioso parque y una zona totalmente dedicada al cultura, el esparcimiento y el placer como es la margen izquierda a esta altura del Nervión.
Pasarela Pedro Arrupe

Pasarela de Arrupe. / Kubilha
¿Puede una pasarela construida con materiales tan dispares como el acero y la madera tomar el nombre de un sacerdote que sobrevivió a una explosión nuclear? La respuesta es sí. Este moderno puente peatonal, construido entre el Paseo de Abandoibarra y la Avenida de las Universidades adopta el nombre de un sacerdote Jesuita nacido en Bilbao allá por el 1907.
Extraordinario estudiante, fue condiscípulo de Severo Ochoa -premio Nobel de Medicina-, al cual logró arrebatar el premio extraordinario el primer año de Medicina.
Fue un renovador de la Compañía de Jesús de la cual él fue Prepósito entre 1965 y su muerte en 1983. Trató de modernizar la Iglesia tras el Concilio Vaticano II y se ganó bastantes enemigos entre sus compañeros. El tiempo le ha dado la razón y Pedro de Arrupe se ha hecho un hueco en la memoria colectiva. Al menos entre los católicos y los bilbaínos. En cada grupo por una cosa distinta. Sin embargo, no nos queda duda de que se trata de un bilbaíno de pro.
Durante mucho tiempo había deseado con ansia ir a Japón, y en 1938 lo logró. Su misión en el país nipon resultó de lo más aburrida y monótona hasta que el país entró en la Segunda Guerra Mundial. Un día después, fue acusado de espía para ser liberado un mes más tarde debido a su comportamiento ejemplar, y buenas relaciones con los carceleros.
Pero el destino hizo que sus aventuras no acabaran ahí. Después de salir de la cárcel fue nombrado maestro de novicios y enviado a las afueras de Hirosima. Y sí, efectivamente. Fue testigo de la explosión de la bomba atómica mientras estaba dando misa. Al darse cuenta de que no se trataba de una explosión común se fue a Hirosima a ayudar a los afectados. Como resultado de estas peripecias escribió un libro que sólo un bilbaíno podría escribir: ‘Yo viví la bomba atómica’.
Situada justo en la campa de los ingleses -cuna del Athletic Club-, esta pequeña pasarela es el pequeño homenaje de la villa al único ilustre al que la bomba nuclear pilló en misa, a las afueras de Hirosima y pudo contarlo.
No es solo un homenaje a un bilbaíno ilustre, también es un homenaje a la ciudad y a aquello que hizo grande a la villa. El acero es una aleación de hierro y carbono, el hierro siempre ha sido un elemento referencial de Bilbao, hasta William Shakespeare utiliza el gentilicio -o algo así- para hablar de grilletes. Y la madera, ¿qué decir de la madera? Bilbao es un valle y está rodeado de montañas verdes. Las calles de Bilbao acaban en la misma ladera del monte. Acero y madera de pinos americanos, pero ya sabemos que los de Bilbao, aún siendo árboles, nacen donde quieren.
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