Hoy me he desperté con una triste noticia: el Pabellón 6 tiene que cerrar hasta febrero debido a problemas con el acondicionamiento del espacio. Siento iniciar este texto, tan conmocionado, sin tan siquiera haberme presentado, pero realmente espero que entiendan cómo esta noticia me ha podido afectar.
Tal vez ustedes crean que no me conocen. Pero les aseguro que en algún momento de su vida nos hemos encontrado. Aunque tengo nombre propio, a lo largo de la historia me han dado muchos otros. Extrañamente, los dos que más me gustan tienen significados diametralmente distintos: destino y coincidencia.
Nací en Chipre, hace ya mucho tiempo. Viví los años de esplendor de Grecia y la antigua Roma. Fue en esta época cuando empezó mi amor por el teatro. Siendo aún un niño, aprendí a admirar la representación cara al público, los nervios del día a día y el placer de sentir en tu piel el alma de otra personas.
Desde entonces ha pasado ya mucho tiempo. Mis flechas han llenado de felicidad la vida de muchos –a veces creo que demasiados- hombres y mujeres, animales, plantas o dioses… Todos anhelando sentir el mayor momento de felicidad que se puede tener en vida: el amor.
Aunque yo reparta amor entre seres vivos, mi amor, mi pasión ha sido y es el teatro. Y en este mundo tan frío e inhóspito en el que cada vez tengo menos trabajo -aunque sigo teniendo- encontré en el Pabellón 6 la sensación de vivir el teatro que tanto añoraba de mi niñez.
Tal vez fuera el destino, o la coincidencia, pero resulta que un día buscando alguna pareja a la que enamorar en esta ciudad del norte de África o del sur de Europa, encontré este nuevo-viejo teatro. Para los que no lo conozcan es un pabellón rodeado de agua y reconstruido en los pilares del amor por una profesión y una forma de entender la vida. La vida en directo.
En este espacio no importa la obra que se esté representando sino la sinceridad, la cercanía y el calor que se siente viendo el espectáculo. Entiendes el significado de ser actor o actriz. Y, de vez en cuando, te puedes encontrar con el cumpleaños de alguno de ellos. O con un cabaret maravilloso que te invita a arreglar los problemas a hostias, literalmente
Todo escondido de una ciudad que mira de reojo a este barrio y su cultura. Sin llegar a entender que debería sentirse tremendamente orgullosa de tener un espacio así. No solo de éste, sino de otros muchos que han nacido al abrigo de pequeños talleres y naves abandonadas con el esfuerzo de mucha gente.
¿Y yo? Pues yo seguiré triste hasta febrero cuando gracias a Ramón, Irene, Maite y a muchas otras personas socias el Pabellón 6 vuelva a abrir. Espero que lo hagan el 14 de febrero. Para mí será un homenaje al amor que siento por ellos y el teatro. Un amor que no necesitó, irónicamente, de ninguna de mis flechas de punta de oro.
FIN
Vindio.
Fotografías de Yosu Euba
Noticias relacionadas
Creativity Meeting Point Bilbao 2013
abril 04, 2013
Sigue en directo el Creativity Meeting Point 2013
marzo 20, 2013
Entrevista a David Fernández de Ikaia.tv
marzo 19, 2013
‘Creativity Theater’
febrero 27, 2013
Klask o cómo ver Portugalete como un niño
enero 22, 2013
“Porque me multan por inconformista”
enero 11, 2013
El nuevo inquilino del Arenal
diciembre 28, 2012






